domingo, 31 de enero de 2010

Tres hombres en una barca, Jerome K. Jerome


En los agradecimientos iniciales de "Por no mencionar al perro", Connie Willis menciona a Robert A. Heinlein por descubrirle el relato de K. Jerome en su novela juvenil "Consigue un traje espacial: viajarás" (me sigue resultando extremadamente curioso que se siga clasificando su "Tropas del Espacio" como literatura juvenil, pero eso es una discusión totalmente aparte). De hecho, el título completo de la obra de la que hoy hablo es "Tres hombres en una barca (por no mencionar al perro)". Y yo, que soy un ser eminentemente intuitivo di por hecho que la obra de Willis algo tendría que ver con ésta... Así que me la leí antes de embarcarme en la segunda, que a fecha de hoy ando consumiendo.

El principio es demoledor. La presentación de los personajes y las circunstancias que les rodean es hilarante. No me extrañaría en lo más mínimo que los tres o cuatro primeros capítulos de este libro hubiesen servido de inspiración a grandes genios británicos del humor, como Terry Pratchett, Douglas Adams o los Monty Python. Los protagonistas son vagos, cínicos, patosos, hipocondriacos, y no pierden la más mínima oportunidad para evidenciarlo. Un día, aburridos de su rutina, deciden embarcarse en un viaje en barca por el Támesis de dos semanas de duración.

A partir del momento en que, por fin (y aunque parezca que nunca van a conseguirlo), se montan en el barco y se lanzan a la aventura, la dosis humorística se desinfla un poco. O tal vez se deba a que en ese punto continué la lectura en inglés, cuando los primeros compases los leí en castellano. Pero desde ese momento, como digo, la obra pasa más a ser un cuadro costumbrista de la época victoriana británica donde se describe, a través de historias y anécdotas narradas por uno de los protagonistas (muchas de ellas con buenas dosis de humor, pero casi ninguna ya tan demencial como las de los preparativos del viaje), distintos estilos de vida en la sociedad británica, así como fragmentos de historia.

Y es que, originalmente, "Tres hombres en una barca (por no mencionar al perro)" iba a ser una guía de viaje... Bastante recomendable, especialmente los primeros capítulos.

PD: Por dios, que alguien reescriba y amplíe el artículo de Wikipedia sobre este libro, es a todas luces lamentable.
Lpr.

lunes, 18 de enero de 2010

El ángel más tonto del mundo, Christoper Moore


Bueno, supuestamente mi primera entrada aquí iba a ser sobre jPod, pero como soy de los que piensan que la mejor manera de presentarse a escribir en un blog de gente en la que solo conoces a dos personas y te invitan así porque son buena gente, es saltarse sus peticiones, pues me lo paso por el, que lo dejo para otro día, vamos.

El caso es que no pensaba escribir sobre este libro, como os digo, de hecho lo que voy a hacer es daros un detalle: lo he comprado y acabado hoy. Y además regalaros dos citas que copio, textuales, de entre sus paginas:

En otro cuento navideño, Dale Pearson, malvado urbanista, misógino recalcitrante y, al parecer, cascarrabias irremediable, podría haber recibido las visitas nocturnas de una serie de fantasmas que, al mostrarle sombrías visiones de las Navidades futuras, pasadas y presentes, provocarían en él una transformación que lo convertiría en un ejemplo de generosidad, amabilidad y sentimientos cálidos hacia sus congéneres. Pero este no es uno de esos cuentos, así que aquí, en no demasiadas paginas, alguien va a despachar a este miserable hijo de puta con toda la calidez del mundo. Ese es el espíritu navideño que impregnará las siguientes paginas. Ho, ho, ho.


Tras este párrafo (final del capitulo uno), había decidido publicar esta tira en el google reader (amante esporádico de aquellos que, como el que escribe, tiene un filtro en su curro que le impide disfrutar de la gloria de internet), recreándome en lo que sin duda sería un gran libro, como adelanto, así ha sido.

El caso es que si leéis esto diréis, ¿y como si iba a escribirlo lo estoy leyendo?, esta es la segunda y ultima cita, que me tomo la libertad de reducir porque joder, son las 8 de la noche y quiero vivir.

[Conversación entre marido y mujer]

- Necesitare tu ayuda, pero, ya sabes, no te importa.
- ¿Ah, no?
Theo se quedo alucinado cuando Molly se abrió la chaqueta y le mostró sus pechos favoritos. Era como aterrizar de repente entre dos tiernas amigas, ambas un poco pálidas por no haber estado expuestas al sol, unas criaturas apocadas por el tiempo, pero con las rosas naricitas alerta, vigorizadas por el frío nocturno. Y tan pronto aparecieron, la chaqueta se cerró y Theo se sintió como si le hubieran dado con una puerta en las narices, y lo hubieran dejado solo en el frío de la noche.
- Vale, no me importa.
[...] Cuando pasados unos minutos su cordura decidió volver, Theo dijo:
- Molly, me gustaría que no salieran así las cosas.
Y allí estaban de nuevo, sus amiguitas las naricitas rosas.
- Ocupemonos de esto y luego nos lo hacemos aquí mismo, ¿vale? - Dio un saltito para subrayarlo y Theo asintió, siguiéndola como una espoleta. Tenia la impresión de que lo estaban manipulando, exclavizandolo gracias a su debilidad sexual, pero no veía porque iba a ser eso algo malo. Al fin y al cabo, estaba entre amigas.


Creo que no tengo más que añadir, y espero que Entrari me comprenda.

Saludos.

sábado, 16 de enero de 2010

www.365tomorrows.com, Varios autores

Letizia Álvarez de Toledo ha observado que la vasta Biblioteca es inútil; en rigor, bastaría un solo volumen, de formato común, impreso en cuerpo nueve o cuerpo diez, que constara de un número infinito de hojas infinitamente delgadas. (...) El manejo de ese vademécum sedoso no sería cómodo: cada hoja se desdoblaría en otra análogas; la inconcebible hoja central no tendría revés.
La Biblioteca de Babel, de Jorge Luis Borges.

Por muchas bibliotecas a las que me he asomado, ninguna ha resultado, hasta la fecha, ser la de Babel. Ni tampoco he dado con el libro del que habla (aunque se me antoja atractiva la idea de equiparar los lectores de eBooks a ese volumen). Pero conozco 365tomorrows.com, y me parece lo más próximo a esa biblioteca que se puede encontrar hoy por hoy, y además, mucho más cómodo que el mecanismo de hojas desplegables.

La web en cuestión tiene un concepto sencillo: cada día, se publica un nuevo relato breve de ciencia ficción. Bajo licencia Creative Commons, este rincón de la red se ha dedicado a publicar, día tras día, un relato de sci/fi desde mayo de 2005. Con el tiempo suficiente, un lector entregado (y por supuesto, que entienda el inglés sin problemas) se podrá leer los más de mil quinientos relatos que componen la página... Pero cada mañana tendrá uno nuevo esperándole.

Como en toda recopilación de relatos, los hay mejores y peores, algunos no dicen nada en absoluto, y unos cuantos deberían ganarse su pase directo al Olimpo de la narrativa de este género. Así que queda en tus manos, lector (o lectora*), ponerte manos a la obra y disfrutarlos.

Clasificación: Cinco minutos de lectura diaria no hacen daño a nadie.
Lpr.

* Que luego llegan los del Ministerio de Igualdad y nos cierran el blog por machistas!

Páginas amarillas; Estado Español



Te estás quedando conmigo, me diréis.
No.

Mirad, alguien tiene que hacerlo. Hay cosas que un crítico de libros tiene que hacer, y esta es una de ellas.

Me aburría mucho y no tenía nada nuevo que leer, así que opté por un experimento. Como ya supondréis, las Páginas Amarillas no tienen nada de argumento, pero es entretenido el descubrir algunos apellidos chungos y nombres ridículos. Además, es relajante el recortar los cupones que te vienen con ella, aunque cada vez vienen menos interesantes.
Y el plano del final es muy útil.

Clasificación: Mejora mucho si estás fumado.

Hacedor de Estrellas, Olaf Stapledon


El protagonista  es un ente incorpóreo en el universo.

Hacedor de Estrellas es un libro difícil de catalogar. Sugiere ciencia ficción. Si es así, , este tipo de libros, sólo ennoblecen el genero. Trasciende de los tópicos que otros le dan.

Alguien que desconocemos mira el cosmos y empieza un viaje astral a través del mismo. Sus primeros momentos de pánico ante la incomprensión de lo que le sucede, y su posterior descubrimiento de que no puede volver a casa, le llevan por accidente a conocer otros mundos, otras civilizaciones extraterrestres, pero su búsqueda de casa sólo le lleva a mundos con periodos históricos iguales que los nuestros.
Elementos tales como el racismo, las guerras mundiales, las revoluciones sociales, la conciencia de clase, la ecología, industria se analizan de forma brillante. Además, su análisis de la evolución política y la llegada de estados totalitarios estuvo dos años por delante de su época, ya que en 1939 estalla la segunda guerra mundial, y Olaf Stapleton acabó el libro en el 37.
El protagonista, a medida que pasa por estos mundos, va fusionándose a otras mentes trascendiendo del yo, pero sin perder su individualidad. Los órdenes de conciencia van cambiando en magnitud. Las mismas galaxias son pequeños entes con mente propia. Su viaje es a través del tiempo para poder abarcar estas mentes, desde el principio hasta el final del cosmos. Todo el universo revela ser consciente, de una forma u otra, uniéndose en ese viaje, lo que lleva a un encuentro con el Todo. El responsable de poner un principio y observar un fin. El Hacedor de Estrellas.

Yo lo defiendo como un libro brillante. Es el clásico que Ender.Dragon (en nada un colaborador de este blog) tanto me recomendó. Me alegro de tenerlo en mi biblioteca personal. Y con prologo de Borges

Clasificación: 1984, La fábrica del Absoluto, Farenheit 451… clásicos, y ahora este.

viernes, 15 de enero de 2010

El aprendiz de guerrero, Lois McMaster Bujold


Por Interloper

Si ahora empezase hablando de un personaje enano y cabezón (en todos los sentidos de la palabra), pero que compensa todos sus problemas físicos con una inteligencia sobresaliente, y es irremediablemente el personaje más carismático de su libro, la imaginación de más de uno y de dos volaría hacia Lannisport. Pero no, en esta ocasión no es de Tyrion de quien hablo, sino del personaje que inspiró a R.R. Martin para dar vida al único Lannister por el cual, hoy por hoy (a falta de leer más de la mitad de la saga), siento algún apego.


A pesar de que el personaje de Canción de Hielo y Fuego fue creado a imagen y semejanza de Miles Vorkosigan, y los dos son tanto físicamente equiparables como igual de inteligentes, existe una diferencia fundamental entre ambos: Tyrion es previsor y calculador, tiene todo planificado desde el primer momento, y va adaptando sus planes a medida que se van presentando complicaciones. Miles es, hasta donde yo recuerdo, el personaje más impulsivo sobre el que he leído jamás, ya sea narrativa épica, fantasía, novela negra o, como en el caso que nos ocupa, ciencia-ficción (concretamente, El Aprendiz de Guerrero es un ejemplo inmejorable de Space Opera). No tiene planes preconcebidos, metas claras ni "hoja de ruta" alguna para alcanzar sus objetivos. Es más, dudo que tenga objetivos claros.

Como ejemplo de este extremo sirva el siguiente hecho: Dado que el libro me lo leí en su inglés original, tuve que preguntarle a una gran fan de la novela si me había perdido algo de la trama por no leerlo en mi lengua materna, o si realmente las decisiones tomadas por Miles (y resueltas brillantemente gracias a su intelecto) eran tan... "porque sí". Y efectivamente, la segunda opción era la adecuada. Dos semanas después, era yo quien estaba recomendando sacar el libro de la biblioteca a una amiga. La forma en que se desarrolla la historia y cómo Miles se las ingenia para ir resolviendo los acontecimientos de esa bola de nieve que, a medida que va rodando, aumenta sin control en tamaño y velocidad son simplemente fantásticos.

Se trata de una historia entretenida, que engancha sin pretender convertirse en una de esas historias con mil giros argumentales imprevistos, pero que consigue sumergirte con facilidad en su universo. Acción, personajes carismáticos, algo de humor ligero... ¿Puede haber alguien que no quiera leerselo?
Lpr.


253, Geoff Ryman

Al leer el post de Entrari sobre Aire, me he quedado dándole vueltas al nombre del autor. Ryman... Ryman... Juraría que he leído algo suyo. De modo que al llegar a casa he echado un vistazo a mi biblioteca, y en efecto, ahí estaba: 253 o La Comedia del Metro. Un libro que me compré por su pretexto, que me pareció de lo más original.


Un tren del metro de Londres tiene siete vagones, y cada vagón 36 asientos. Contando al conductor, el total de asientos disponibles es 253. Con ese pretexto, La Comedia del Metro contiene doscientas cincuenta y tres fichas de otros tantos usuarios que viajan todos en el mismo tren. Para terminar de redondear la ecuación, cada ficha está escrita en… adivinen… eso es! 253 palabras!

Estas fichas se dividen en tres secciones. Para cada personaje de esta atípica obra, Ryman describe la “Apariencia”, los “Datos personales” y “Lo que hace o piensa”. De este modo, es divertido ver cómo prácticamente ninguna de las personas retratadas es lo que parece a primera vista. Como el tipo que está concentrado en la página de economía de su periódico, mientras que en realidad trata de pasar desapercibido para un compañero suyo del trabajo que viaja en el mismo vagón, o la mujer que parece inquieta porque alguien la sigue mientras que en realidad trabaja en la caridad pero inventa historias sobre un supuesto marido espía para hacerse la importante entre sus amigas.

Otro aspecto del libro es la relación entre los ocupantes del tren. Muchos de ellos están relacionados entre sí... Un trabajador que teme que le despidan, y su jefe tres vagones más allá pensando en el empleado al que quiere ascender. La dueña de una floristería, y la abogada de una multinacional que planea comprar el edificio donde está esa tienda. O los dos compañeros de trabajo de los que he hablado antes, en el mismo vagón. Pasé un buen rato mientras leía el libro porque, cada vez que aparecía un nombre en la descripción de un personaje, recorría los siete vagones a la búsqueda del nombre mencionado, por si acaso viajaba en el mismo tren. De ser así, terminaba al personaje con el que estaba, y me leía la ficha del personaje referenciado.

Y es que el orden en que se lean las fichas no afecta al desarrollo argumental, escaso por no decir inexistente. Todo lo que sucede en las páginas del libro ocurre en un intervalo de tiempo de siete minutos, no exentos de su pequeño momento dramático.

Además, para todos aquellos que dominéis el inglés, podéis encontrar la obra completa en este link. La gran ventaja de la web es que las fichas de los personajes vienen relacionadas mediante hipervínculos, de modo que en seguida podréis ir a la ficha del pasajero referido en el texto del otro. En resumen, 253 o La Comedia del Metro es un libro atípico, que se podría clasificar dentro de la narrativa experimental, pero que a un servidor le dejo un agradable sabor de boca. Y sin embargo, puedo entender perfectamente que mucha gente, acostumbrada a mecanismos narrativos más convencionales, con una historia y un desarrollo argumental elaborado, puedan considerar este libro un soberano petardo.

Lpr.